En muchas ocasiones, distinguimos entre dos términos para apurar el significado de lo que queremos plasmar con precisión: paciencia y pasividad.

Mientras que pasividad no implica acción, con paciencia dejamos una puerta abierta hacia cierta esperanza de cambio y progreso.

Ambos términos hoy soy impropios, más bien insultantes, para los que hemos llegado a contemplar con cierta paciencia (esperanza) la crisis de los refugiados. Algunos, víctimas de cierto “buenismo”, creíamos en la madurez, diligencia, altruismo y responsabilidad de nuestros dirigentes; hoy, no podemos callar.

Incluso, el término “inhumano” es relativista ante su actitud . Más aún, el bajo motivo que mueve a algunos a cambiar o ayudar, que es el egoísmo, se queda muy lejos de la acción-pasividad de los que, con estas actitudes, ni nos representan ni nos gobiernan. Ya ni siquiera vale el  “hoy por ti, mañana por ti”…

Para los que desde América y lugares me leen, advierto de la vulneración radical de los derechos humanos de la que estamos siendo testigos; somos testigos sin voz, porque, aunque gritamos ante la injusticia, se han taponado los oídos de quienes tienen en sus manos el poder fáctico.

Y, días como hoy, recuerdo con mayor crueldad a Martin Luther King: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.

Silencio de los poderosos…silencio de las religiones dominantes…silencio…pasividad…

Dejo un enlace de la filósofa Adela Cortina, que propone un Decálogo ante esta situación:

Europa: decálogo para la crisis de los refugiados